sábado, 30 de junio de 2012

El silencio de la Vida


"El silencio de la Vida" fue el tema del Seminario de John Main celebrado en Ascot, Inglaterra, desde 22 hasta 25 agosto de 1996, dirigida por Ramón Panikkar. Su erudición es evidente para todos los que le escuchan, pero más que eso, habla de una visión espiritual que transmite no sólo el aprendizaje de un académico, sino que también la experiencia de un médico y la autoridad de un profeta, alguien que no predice el futuro, pero ayuda a sus contemporáneos para ver el presente con visión. 

Panikkar afirmaba que la vida es ontológicamente silencio. El silencio, por lo tanto, no es la represión del pensamiento o de la expresión, a pesar de que "el silencio no dice nada." Se trata simplemente de la realización de nuestra verdadera naturaleza. En sus conversaciones sobre el silencio del cuerpo, la mente y la voluntad, y sus discursos finales sobre la resurrección y la Plenitud de la Vida, abrió para sus oyentes no sólo un conocimiento más profundo, sino que para muchos un entendimiento completamente nuevo de la naturaleza humana en su aspectos solitarios y sociales, así como en sus dimensiones humanas y divinas. Moviendose con fácilidad entre los teólogos cristianos y los místicos de las tradiciones de la India y del Islam, Panikkar expuso su antropología cristiana de la integridad humana y su destino de la divinización: Dios se hizo hombre para que el hombre se haga Dios, como los primeros pensadores cristianos proclamaron. Este dogma fundamental del cristianismo fue explorado y abierto para mostrar los campos nuevos de entendimiento.


La mayoría de los pensadores cristianos, Panikkar, dijo, siguen siendo los neo-platónicos en su suposición de que la vida significa que sólo la "vida del espíritu." La vida sin embargo, no significa sólo "bios" (vida biológica), pero "Zoe", y la plenitud de vida que Jesús promete, exige una completa integración del cuerpo. Se trata de una postura de quién es verdaderamente obediente a la promesa de Jesús, no debe aspirar a la inmortalidad, sino a la vida eterna y a la resurrección como una dimensión de la realidad presente y no sólo como un acontecimiento futuro. Este énfasis en la corporeidad de la vida espiritual no es superficial. Se inculca con una vida humildad y se nutre con un ascetismo sano dedicado a la guarda y educación de los sentidos y no a la represión. 

Cuando se volvió hacia el tema del silencio de la mente, Panikkar afirmo la potencialidad de la persona humana bajo el enfoque apofático de silencio;  ni la represión del pensamiento ni el pensamiento de la irreflexión, puesto que el silencio es el ascenso de la conciencia que permite un conocimiento completo de despertar. Dios, el único que lo sabe todo, es el conocedor . Pero el conocedor no puede ser conocido, o deja de ser el conocedor y lo conocido se convierte simplemente en otro, que es la forma como muchos teólogos tratan a Dios. Venimos de no saber si se conoce el conocedor, sino convertirse en el sujeto cognoscente. Si esto le parece a algunos cristianos un tema com atisbos de panteísmo, Panikkar lo describió como siendo de hecho el verdadero significado de nuestra adopción en Cristo, el destino que va desde la kénosis a la theosis, desde la cruz a la resurrección, en el que el conjunto de la divinidad se muestra y mora en nosotros. Así cuando la mente se vuelve silenciosa abre el tercer ojo de la conciencia humana y la enseñanza de Jesús sobre que el ojo sano refleja la salud de toda la persona [1] se realiza en la experiencia personal. El último paso de la mente es, pues, a descubrir sus propios límites. 

En su enseñanza del silencio, Panikkar mostró la influencia no sólo de su estudio de la tradición de la India (donde la filosofía y la teología no se dividen, como en Occidente), sino también de sus años de la práctica espiritual en el Este. Las amistades con maestros indios, así como los grandes pioneros de espiritualidad hindú-cristiano: Jules Monchanin, Henri Le Saux y Bede Griffiths le enseñaron que, si bien las religiones no pueden enseñarse unas a otras, estas pueden y tienen el propósito de aprender unas de otras.

Una cosa que aprendemos de la reunión de los hemisferios en el espíritu humano es que "Dios no tiene voluntad." Esta afirmación puede sorprender, pero también nos puede liberar de la divinización cercana a la voluntad humana en la cultura occidental y la filosofía. Para silenciar la voluntad se debe ir más allá de la voluntad. Es la obra de la gracia y el resultado de la pureza del corazón. Pero la libertad de espíritu surge del deseo de Dios, que es el mayor obstáculo entre nosotros y Dios, el cual da paso a la aspiración de Dios, que es parte integral de nuestra naturaleza. Las dicotomías letales de la vida que impiden nuestra realización de la plenitud de la vida pierden su tensión y el poder de deformar. Para el cristiano, el silencio del cuerpo y de la mente; nos libera para conocer a Cristo como una persona, no sólo como un individuo. Un individuo se aísla, mientras que una persona es un "nudo en una red de relaciones." El cristianismo no es una religión que hace de Cristo, otro ídolo en el panteón de dioses humanos, sino precisamente lo que Jesús mismo nos dice que él "es un maestro, camino, la verdad y la vida". Para complementar cito un famoso dicho budista, "si te encuentras con Buda en el camino, mátalo", Panikkar sugiere que "si encontramos a Cristo, comemos a Dios". 

Se concluyo con una Eucaristía sacramental, como termino de unas enseñanzas vivificantes y de liberación que nos recuerda que la liturgia significa el culto público, el Padre. Panikkar celebró una misa larga, respetuosa y alegre, que integro los elementos de la creación, así como las mentes y los corazones de los participantes. Al dirigir el seminario, Panikkar mostró un gran espíritu cristiano y en el corazón, una enseñanza inspirada e inspiradora, tratando a su audiencia como amigos y adultos e instando a que, como una vez cuando era profesor, una vez le dijo a su pueblo ", los cristianos, deben de reconocer su dignidad ! "



Fr. Laurence Freeman, OSB


1] Mateo, 6:22 ("La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz")

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