martes, 26 de junio de 2012

Icono de la Unidad


Descansa en paz, querido Raimon. Has retornado a la paz de lo Uno tras 91 años de caminar por la vida unificando lo múltiple.

Descansa renacido en el seno del Abba Madre y Padre, al que nos enseñaste a descubrir en el “silencio del Dios” (1966) y el “silencio del Buda” (1996), en medio del “mundanal silencio” (Premio espiritualidad, 1999).

Recibo la noticia de tu “extinción” (por decirlo orientalmente) cuando son las seis de la mañana en Kobe y acaba de sonar el gong del templo vecino. Me asomo a la ventana justo antes de que se extinga el lucero matutino, al que tú habrías llamado “icono del misterio” y entono por tu eterno descanso el “In Paradisum” dando gracias por tu vida.


Tu vida ha sido y seguirá siendo “Icono del misterio” (1998) para quienes aprendimos, a través de tu modo de pensar, amar y creer, la presencia intercultutral e interreligiosa, siempre palpable a la vez que elusiva, del misterio que tu calificaste como”cosmoteándrico”, clave mística de la “experiencia humana integral, experiencia plena de la vida” (2005).

Gracias por tu pensar fronterizo, interrogante y hermenéutico. Gracias por tu testimonio de la pluralidad unificada: Cataluña e India, prajña y seny, cuerpo-espíritu, masculino-feminidad, temporal-eternidad, místico-política, … y un largo etcétera de polaridades unidas.

Gracias por habernos ayudado a romper todos los círculos cerrados y vivir en espirales abiertas hacia arriba y hacia abajo: trascender occidentalmente hacia arriba y orientalmente hacia el fondo, con la mira puesta en un más allá que atisbabas en el horizonte de Tavertet (para mi gusto, la mejor de tus fotografías, en la portada de Invitación a la Sabiduría,.Espasa, 1997).

Gracias, Raimon, que tu ejemplo siga enseñándonos a saber vivir.


Juan Masiá

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