sábado, 30 de junio de 2012

Más Allá de la Fragmentación  de la Teología, El Saber y la Vida




Querido y admirado Victorino: 
Me has pedido lo imposible, por no decir contradictorio. ¿Cómo puedo yo prologarme críticamente a mí mismo? Pero peor sería para mí no responder a un amigo, ya que considero la amistad como uno de los valores máximos de la vida humana, el único título que Cristo nos dio (Io. XV, 15; 18, etc.). Así pues, resuelvo el dilema con un compromiso: a los amigos se les puede escribir –y, en este caso, para felicitarte efusivamente por tu libro, que ha refrescado mi memoria y del que he aprendido mucho.Nadie es juez de sí mismo. Gracias.  


En segundo lugar añadiría sólo un par anotaciones como comentario a tu magnífico de texto.  



Aunque la costumbre ha venido traduciendo advaita por “no‐
dualidad”, debido al pensar dialéctico que predominaba cuando la cultura europea “descubrió” la India, yo lo traduzco ahora por a‐dualidad.  como tú haces ya en tu texto‐, que es
igualmente castellano y me parece más fiel a lo que el advaita es (a‐dvaita), y que de ninguna manera viola el principio de contradicción, como sería la negación de la dualidad. En todo caso, el advaita no contradice el tal axioma, aunque tampoco lo erige en el principio supremo del pensar: lo supera. Y ello es más importante de lo que puede parecer a primera vista. La llamada Trinidad, por ejemplo, no tiene que ver con el número tres. El principio de no‐contradicción no se niega, sino que se supera. Nuestra razón no es el criterio último de la realidad, sin por otra parte tener que caer en el irracionalismo – como he intentado aclarar en otros lugares.  Esto implica, entre otras cosas, que la Trinidad no es triteísmo, porque lo que llamamos “Dios” no es una Substancia. Dios es un símbolo, pero no he encontrado otra palabra que la substituya, aunque deba reconocer que ello ha dado lugar a muchas confusiones por la costumbre inveterada del temor de romper con el monoteísmo. Dios es relación, y en esta relación nos encontramos nosotros y también el mundo –que es lo que he llamado el principio cosmoteándrico, como muy bien explicitas. No niego la relación histórica entre el judaísmo y el cristianismo, pero la historia no es toda la realidad.


Tal como insisto en la última edición italiana de El Cristo desconocido del hinduismo, Cristo no es un nombre específicamente cristiano, y aunque los cristianos lo han intentado monopolizar, corresponde a nuestro milenio cultivar un ecumenismo ecuménico que, sin sincretismos de ninguna clase descubra la armonía (no la unidad) entre las religiones sin hacerles perder su especificidad. La cultura occidental nos ha identificado de tal manera con nuestra individualidad (y no con nuestra personalidad) que resulta poco menos que extraño afirmar que Cristo tampoco es un individuo, sin entrar ahora en mayores detalles sobre la cuestión. Como he dicho repetidamente, la identidad de Cristo no es su identificación. Y así, Cristo no es un monopolio de los cristianos; aunque estos tienen derecho a llamarse cristianos no tienen la exclusividad de Cristo No caigamos en el prejuicio occidental de catalogarlo todo.


Cristo es el símbolo humano del hombre plenamente realizado, diría el hinduismo; o plenamente divinizado, añadirían otras religiones, entre las cuales el cristianismo. La religión que llamamos cristiana cree que Jesús es el Cristo, pero otros pueden reconocer este Símbolo en otros seres humanos. Esto no quita tampoco la unicidad de Cristo; pero la carta a un amigo no es el lugar adecuado para mis theologumena.


Hablas también de la “revelación bíblica”, que a lo máximo se reduciría a inspiración, y que tampoco es monopolio sólo de la Biblia.


No tengo mucho más que añadir. Como ves, sólo he intercalado unas pocas apostillas a tu excelente trabajo.


Para seguir el estilo epistolar, me tocaría ahora despedirme de ti. Fiel a mi “deformación” filológica, no puedo olvidar el expetere original que contiene una petición – no sólo en este caso de licencia para terminar la carta, sino para formular una petición. Y ésta es tu colaboración a la liberación de la teología de las estrecheces microdóxicas a las que demasiado a menudo se la ha querido reducir. Y no sólo a la teología, sino a la religión en general, que se ha equiparado a una institución y, demasiado a menudo, a una secta. Ésta es una labor que nos incumbe a todos, y estoy contento de servirte como trampolín para saltar más alto.  


Un fraternal abrazo, Raimon Panikkar
Tavertet, 18 de Octubre de 2007



Prólogo de Raimon Panikkar
Extracto de unas páginas del libro
Recensión de Javier Melloni
Victorino Pérez Prieto
Revista La Cirpit Review
Fuente: Centro Interculturale dedicato a Raimon Panikkar

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