jueves, 12 de julio de 2012

Homenaje a Raimon Panikkar (1918-2010)


Raimon Panikkar ha muerto. Esta nota no pretende ser más que un homenaje, un acto de reconocimiento. Escribo más desde la admiración hacia su persona que no desde el conocimiento de su obra. Escribo como musulmán catalán comprometido en el diálogo entre espiritualidades, pero también como simple ser humano agradecido por el recibimiento que el propio Panikkar me hizo en su casa de Tavertet, cuando lo visité con Taoufik Cheddadi el año 2006.

En aquella ocasión Panikkar nos habló de la necesidad de encuentro entre musulmanes y cristianos, para combatir con el arma de la espiritualidad esa bestia que nos amenaza: el nuevo orden mundial, la violencia del Imperio. Hablamos también de lo semita y de lo ario, categorías en las cuales se han querido encorsetar la espiritualidad humana. Y Panikkar nos expresó su solidaridad para con los musulmanes catalanes, a los que consideraba como discriminados y víctimas de la creciente islamofobia.


Raimon Panikkar: “la paz humana está vinculada con el orden cósmico, la paz humana es nuestra participación en ese orden”.

En Panikkar se juntan múltiples dimensiones, un ser humano completo o integral, abierto al devenir, constantemente en busca de si mismo, de una santidad concebida como autenticidad y entrega. Ciencia del corazón, respira mansedumbre. Una nueva inocencia o experiencia cosmo-teo-ándrica a partir de una vivencia interior (meta-histórica) del Cristo: “El hombre únicamente es hombre cuando tiene el cielo sobre él, la Tierra debajo y sus semejantes a su lado” (La intuición cosmoteándrica).

La obra de Panikkar es una puerta al encuentro entre las religiones. Se trata de uno de los grandes teólogos católicos que han hecho posible la superación de la cristología que pretende que la exclusividad de los medios de salvación están en manos de la Iglesia. En términos teológicos, Panikkar propone pasar del cristianismo a la experiencia crística y de la cristología a la cristofonía. Y habla de la “superación de la cristología tribal e histórica” (La plenitud del hombre).

Admitía pues sin tapujos que la cristología de la Iglesia católica ha sido tradicionalmente exclusiva y excluyente. La idea de un Dios encarnado en una persona, el cual delega en una institución… No, la verdad no puede ser tan simple, ni tan tristemente humana.

Por eso no sorprenden declaraciones de este tipo: “Constato que el fundamentalismo cristiano es mucho más peligroso, sutil e inteligente que el islámico. Es un hecho histórico que el islam ha sido más tolerante”.

O esta otra: “Que la revelación se acabe con el último de los Apóstoles ha sido una creencia teológica cristiana, sin duda útil, naturalmente, para considerar al Islam como una herejía y a los Bahâ’i equivocados. Pero razonando así nos quedaríamos encerrados en la cultura del tronco abrahámico. ¿Cómo podemos justificar nuestras extrapolaciones? ¿Es el tiempo escatológico el fin de una temporalidad lineal?

Salirse del tronco abrahámico: ¡este es un buen, bello programa! Como ya he escrito en otro lugar, la idea de una espiritualidad abrahámica no encaja con la visión islámica del pluralismo religioso. No es más que una reducción historicista del ciclo universal de la profecía. Por la misma razón, constituye una reducción de la cristología inclusiva defendida por Raimon Panikkar. La experiencia de Dios no puede ser encajada ni retenida por una tradición determinada, ni es prisionera de lo histórico.

Esas son las contradicciones que el diálogo descubre, cuando dejamos de ver al “otro” y nos vemos a nosotros mismos en el espejo inacabado de lo humano. Entonces descubrimos que la expresión “diálogo inter-religioso” es una redundancia, pues en el fondo todo diálogo auténtico es siempre religioso, y lo religioso no es sino una forma de diálogo: “El hombre es homo religiosus, dado que el género humano siempre se ha planteado preguntas definitivas. Estas preguntas dan lugar a la más profunda comunicación entre las personas y son fruto de una llamada que las precede” (El diálogo indispensable. Paz entre religiones).

Hablamos pues de experiencia —inter e intra-religiosa—, de interpenetración y fiesta compartida, del cosmos unitivo y de la llamada-llegada del Amado. Las religiones han dejado de ser el campo de minas de la teología. Al-hamdulil-lâhi Rabb al-alamin. Alabado sea Dios, Sustentador de todos los mundos. Quien se queda encerrado en su religión o en su doctrina o en su ideología, sin abrirse a todas las formas de conocimiento, acaba haciendo de su verdad un muro infranqueable. Ninguna religión se basta a si misma, como no se basta ningún hombre, como no se basta ningún pueblo.

Ciertamente, os hemos creado a todos de varón y hembra,
y os hemos hecho naciones y tribus,
para que os reconozcáis unos a otros.
Realmente, el más noble de vosotros ante Dios
es aquel que es más profundamente consciente de Él.
Ciertamente, Dios es omnisciente, consciente de todo.
(Corán 49:134)

Estamos conectados, todos somos uno. Y por eso todo diálogo es también político. La dimensión política del diálogo religioso se llama cultura de la paz, lucha contra la opresión, amor al pluralismo, combate contra el hambre. Pero para que el nuevo paradigma sea posible, hay que superar plenamente el viejo paradigma exclusivista. Es necesario lo que Raimon Panikkar ha calificado como “desarme cultural”:

Entiendo por desarme cultural el abandono de la trinchera en la que se ha encastillado la cultura moderna de origen occidental, que considera algo adquirido y unos valores negociables como el progreso, la ciencia, la democracia, el mercado económico mundial… Este desarme es condición esencial para poder establecer un diálogo en condiciones de paridad con todas las culturas de la tierra”. (Paz y desarme cultural).

Hoy se mata en nombre de la Democracia, de la Libertad, de la Civilización. Se mata como antaño en nombre de la supremacía de occidente. Se arrasa con la diversidad en nombre de “valores superiores”. La superación del cristocentrismo nos abre a una nueva posibilidad de encuentro, ya no desde el complejo de superioridad del hombre blanco, sino desde la experiencia de la no-dualidad como fundamento de una vida plena. Pues “la paz humana está vinculada con el orden cósmico, la paz humana es nuestra participación en ese orden”. Descansa en Paz, Raimon Panikkar. Que así sea, insha Al-lâh.


Abdennur Prado

No hay comentarios:

Publicar un comentario