miércoles, 9 de abril de 2014

Entrevista a Raimon Panikkar (+)

Es químico, filosofo, teólogo y sacerdote.

Lleva 40 años repitiendo lo mismo: la necesidad de diálogo entre cultura y religiones.

La interdependencia de todo con todo: hombre, animales, tierra, cosmos, Dios. Y lo repite con generosidad, con una sonrisa y una elegancia poco habituales.

Tiene publicados más de 40 libros y unos mil artículos que abordan la filosofía, la ciencia, la metafísica y las religiones comparadas. Y a su refugio de Tavertet llegan estudiantes de filosofía de todo el mundo (habla seis idiomas). Ha vívido en Europa, EE.UU y en India, pero asegura que a partir del 2000 ya no se mueve.

Tiene porte de sabio y dignidad de jardinero. Sus libros no son fáciles: "Leer es un arte y hoy la epidemia es la superficialidad". Vive sin tele, sin radio, sin prensa. "Oiga, mire y escuche", me dice al despedirse.



—Esta noche mucha gente estará triste.

R Panikkar: —Pues no debería: el nuevo milenio. El nuevo año, el nuevo día. Es una nueva oportunidad.

—¿Para tener buenos propósitos?

R Panikkar: —No, para darse cuenta de que, quien no vive el asombro y el milagro de cada día, no vive.

—¿Por qué cree que tropezamos continuamente? ¿Hay algo que no entendemos?

R Panikkar: —¿Por qué queremos entenderlo todo?

—Buena pregunta.

R Panikkar: —El amor no se entiende, no tiene porqués. Debernos vivir en lugar de controlar. Hace falta una mutación radical, pero para transformar nuestra vida necesitamos un coraje que no tenemos, por eso sufrimos.

—¿Cómo empezar esa transmutación?

R Panikkar: —Entendiendo que lo más extraordinario es lo ordinario.

—¿Nos falta esperanza?

R Panikkar: —Proyectamos la esperanza en el futuro y está en el presente. La esperanza es descubrir esa dimensión invisible, misteriosa y bella, de cada momento. Hay que profundizar.

—Y usted, ¿cómo la descubrió?

R Panikkar: —No fue ningún tipo de revelación. Poco a poco la vida se te muestra tal corno es. Hay que detenerse para descubrir que en cada momento está escondida la eternidad.

—El miedo a detenerse, ¿es miedo al vacío?

R Panikkar: —Sí. y hay que comprender que el vacio es lo que nos permite llenarnos a cada instante. Esta es la gran lección del budismo: vacío y plenitud son facetas de la misma realidad.

—¿Somos demasiado débiles?

R Panikkar: —Por qué queremos ser más fuertes de lo que somos? Yo soy débil, pero si tú me tiendes la mano, si confio en ti, seré fuerte. No debernos hacer del otro una entelequia.

—Nos creemos autosuficientes.

R Panikkar: —Sí. y no queremos confesar nuestro miedo, y el miedo paralizante sólo desaparece cuando estamos vacíos. Vacios de miedo a hacer el ridículo, a que nos traicionen...

—A que nadie nos ame de verdad.

R Panikkar: —Todos los miedos son a la muerte, y cuando uno lo supera empieza a gozar de la vida. pero no se consigue con voluntad.

—¿Hay que convencer al corazón?

R Panikkar: —"Convencer", sí; no hay que vencer nada. cuando un corazón es puro entiende.

—¡Pero nuestros corazones no son puros!

R Panikkar: —Están llenos de ambición y egoísmo. Reconocer nuestra debilidad nos hará fuertes. La hipocresía es el peor de los males

—¿Existe la buena y la mala suerte?

R Panikkar: —Sólo cuando comparamos; es una proyección de la mente.

—Nacer hoy en el Tercer mundo, ¿no es tener mala suerte?

R Panikkar: —Es la injusticia creada por la cultura occidental. Ellos nos mantienen con su deuda. Nos dan 1.000 millones de dólares cada día.

—En lo individual podemos hacer algo...

R Panikkar: —Decidete: camina. ¿Por dónde? no lo sé. Descubre tus pasos. Pero si no confiamos en nosotros mismos, ¿cómo vamos a confiar en el otro? Las ideas deben ser la encarnación intelectual de nuestra vida. Si la palabra no causa aquello que menciona, entonces es que somos unos hipócritas. Ya lo dice la Biblia: "Toda palabra es un sacramento"

—Somos muy poca cosa.

R Panikkar: —Cada uno de nosotros somos únicos, y encontrar la unicidad de cada cosa y de cada persona es la sabiduría. Y si cada uno es único, no es miembro de una serie: católico, rubio, blanco. director general, obrero...

—Los roles nos dan seguridad.

R Panikkar: —Pero no nos dan alegría. Yo prefiero estar alegre y ser libre.

—Si busco la alegría no la encontraré.

R Panikkar: —¿Sabe por qué? Porque la alegría, como la vida, es una gracia, un don. Nos viene dado. Debemos arriesgarnos a vivir, a lo desconocido, a lo vulnerable y, en consecuencia lo bello. "Hago nuevas todas las cosas en cada instante", dice la tradición budista.

—Hay que huir de la rutina.

R. P. —Sí. Hay que recordar que cada instante es irrepetible. La felicidad es una gracia que se nos otorga. por eso yo llamo religiosidad a la alegría de vivir. Y la alegría es la plenitud.

—¿Somos dueños de nuestro destino?

R Panikkar: —Somos coautores. Hay un factor que depende de cada uno de nosotros, y es el de hacer de nosotros una obra de arte.

—¿A fuerza de voluntad?

R Panikkar: —No. esa es una de las fijaciones de Occidente.
Nos hacemos a fuerza de aceptar, de fecundar. Es una actitud, no una voluntad. Hay que tener los ojos abiertos y hacer las cosas porque quieres. no porque debes

—Porque me da la gana.

R. P. —Si no es un capricho, sí. Hay que distinguir entre aspiración y deseo. El deseo es lo externo, lo que nos hace sentirnos frustrados cuando no lo conseguimos. La aspiración es hacer aquello para lo que me siento inspirado, seguir el latido de la vida.

—La mayoría trabaja por dinero.

R. P. —Pues eso es ser un esclavo. Por eso no son felices, el trabajo es antinatura.

—Pero tenerlo nos reconforta.

R. P. —Ese es el gran desafio del milenio: una mutación espiritual. Si no, vamos al desastre. Todos lo sabemos, todos nos preguntamos: ¿qué sentido tiene mi vida?

—¿No faltan respuestas?

R. P. —No, nos falta coraje. No podernos vivir sin amor y sin conocimiento. El conocimiento, sin amor, engendra odio, y el amor, sin conocimiento, sentimentalismo. Pero, aun así, los hemos divorciado.

—¿Debemos volver a unirlos?

R. P. —Si. Conocimiento y amor es el dinamismo principal del ser humano. No busques más y ábrete. Con sentido crítico, pero ábrete. Escucha y danza al ritmo de la vida.  Saboréala. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario